Cuando nuestros santuarios son desacrados

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Hace unos años atrás me encontraba en Seattle, sirviendo una congregación que reflejaba mucho la realidad de la ciudad: blanca, clase media, extremadamente progresista en su pensamiento pero con una falta de entendimiento de las realidades de las personas de minoría étnica. 

Mientras estaba allí era evidente que la congregación no iba a llegar a ser mi santuario. 

Cada domingo recibía comentarios sobre mi acento, mis vestimentas, mis movimientos de manos, mi concepto del tiempo… Cada domingo, el lugar que se suponía era mi santuario se convertía en un lugar de juicio y opresión. Esta es la realidad de la interseccionalidad: mientras algunos aspectos de nuestras identidades serán aceptados, otros serán ignorados o juzgados. 

Fue en este contexto cuando le pedí a un amigo en el otro lado del país si conocía de alguna organización en mi nueva ciudad. Sí, existía una: Entre Hermanos. Esta organización ofrece una Noche Latina en el Club Neighbors en la ciudad. 

Este club gay llegó a ser mi santuario. Neighbors vino a ser el lugar para conectar con otras personas LGBTQI latinas, para escuchar música en español, para escuchar conversaciones en español o en espanglish, para ver los rostros hermosos de mi gente que venía a crear comunidad junta. Era el lugar sagrado donde un día vi al hombre más hermoso de la Tierra entrar; el hombre que se convertiría en mi amor, mi compañía y mi esposo. 

Un club gay puede y llega a ser un santuario para muchxs de nosotrxs. 

Para quienes hemos llegado a ser rechazadxs por nuestras iglesias, templos, sinagogas, mezquitas y otros lugares de adoración por querer vivir nuestras vidas honrando quienes somos en realidad. Un club gay es un santuario para aquellxs de nosotrxs que sabemos que lo sagrado existe en el baile, en el compartir, en la risa y en la camaradería… 

En el caso específico de los clubs gais que ofrecen noches latinas, el lugar se convierte en un santuario para las personas que hemos sido rechazadas de muchas otras maneras; la gente que tenemos que trabajar el doble de duro para que nos acepten, nos den la bienvenida, nos celebren, para que nos reconozcan como seres humanos. 

Un club gay es un santuario para aquellas personas que han cruzado fronteras para sentirse en seguridad porque ellos y ellas—NOSOTRXS—no hemos podido vivir nuestras identidades abiertamente en nuestros países de origen. 

Es un santuario donde por fin podemos reconocer que no estamos solas y solos en este mundo. 

Un club gay es un santuario donde hemos creado nuestras propias familias y donde nuestras identidades son nutridas en la amor de un Dios que es tan queer como lo somos nosotras y nosotros; un Dios que nos ha guardado y nos ha ofrecido una bienvenida como su propia prole. 

Mientras leo muchos de los nombres de las hermanas y los hermanos que fueron cortados de nuestro mundo el domingo por culpa del odio que infunden los fundamentalismos religiosos, por culpa de la inacción de los supuestos líderes “Cristianos” que en realidad han prevenido legislación para sacar las armas del mercado, mientras leo esos nombres lo único que puedo pensar es: pude haber sido yo. 

Ellas y ellos son la prole queer de Dios. Ellos y ellas son la prole latina de Dios. Ellas y ellos son la prole puertorriqueña de Dios. Yo encarno en mi propio ser todas esas identidades. Por lo tanto, me duela tanto como si hubiese sido a mí mismo, porque en estos santuarios que hemos creado familia, también hemos aprendido a ser una sola comunidad. 

El pasado domingo, nuestro lugar sagrado fue desacrado. 

Y aun así, nos levantamos de nuevo y le decimos a la gente que este no es nuestro final. Este no es el fin de nuestra identidad queer. Este no es el final de nuestra identidad latina. Este no es el final de nuestro cruzar de fronteras, ya sean geográficas, culturales o de cualquier otro tipo. Este no es el final de crear familias por nuestra cuenta. 

Hoy honramos a nuestras hermanas y hermanos al comprometernos a seguir creando espacios sagrados para bailar, para jugar, para besarnos y acariciarnos, para abrazarnos y reír… En medio del luto y el dolor, nos levantamos y decimos firmemente: ¡Basta!

Foto de flickr: Fibonacci Blue

Comments (1)

Soy gringa y gay. Estoy completamente de acuerdo. Cada hora despierta esta llena de dolor desde lo de Orlando. Tengo 71 anos y soy soltera ahora. Quiero mucho a mis hermanos gais y me gustaria ayudarles a ellos. Soy victima tambien. Entiendo.

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